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Enaguas de color salmón

Autor: Pilar Salamanca

Narrador: Sonia Román

Duración: 6h 16m

Precio:7,26€

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Descripción

Premio Fray Luis de León de narrativa El tiempo, en esta novela, fluye en dos direcciones: una, contra corriente, que es la que sigue el salmón en busca del lugar que le vio nacer. Otra, la del agua, que como la vida de Marieta avanza a trompicones mientras ella nos la cuenta. Malcasada en España por sus padres adoptivos, esta portorriqueña de origen se ha convertido en una profesora universitaria que, con ocasión de un congreso de su especialidad, regresa un día a San Juan de Puerto Rico. Armada de fotografías y recuerdos, enfrentada al fracaso de su matrimonio y a la muerte del hombre que ama, sin saber qué hacer con su vida, Marieta descubre enseguida que, en este campo, las soluciones milagrosas no existen y que para ella, como para los demás, la única salida consiste en aprender a seguir viviendo.Los negros de Loiza celebran a lo africano las fiestas de Santiago Apóstol. Empiezan el 24 de Julio y no paran hasta que termina el mes. Los vecinos se echan a la calle con los trajes ceremoniales de la tribu yoruba: demonios, viejos despeinados y veigantes estrafalarios cuyo objetivo es asustar a los apostatas que se pasaron a la fe cristiana y abandonaron los mitos de sus mayores. Dioses impasibles y antiguos se pasean por las calles de la ciudad con sus máscaras de muecas esculpidas en cocos y calabazas. A veces, para hacerlas más feroces, simulan dientes con láminas de aluminio. Al cruzar ante ellos, Marietta y su madre procuran no mirar. Marieta siente una especie de penumbra, una amenaza difusa dentro del pecho. Camino del convento, observa los colores de los disfraces. Relampaguean delante de sus ojos, emplumados y ardientes como si quemaran y tiene que apartar la vista.El convento de San Patricio se alza en un vecindario de viviendas unifamiliares, cuadradas y bajas con las fachadas pintadas de amarillo y ocre y rosas deslavados. La iglesia, sin embargo, es blanca y una amplia escalinata de ladrillo y argamasa se despliega ante ella. Sus puertas de ausubo, una madera preciosa hoy desaparecida, son mas grandes que las paredes de muchos apartamentos modernos. Pero Marietta no se encuentra de humor para apreciarlas. Hace rato que se siente tan inquieta como los caballos en un día de tormenta. Pero sigue sin preguntar nada. Espera y espera tensa, a punto de echar a correr. Doña Rita llama a la puerta y cuando por fin abren y les hacen pasar al locutorio, Marieta se deja caer en un sillón de madera y cier5ra los ojos. Los abre justo a tiempo: el hermano Celso, un hombre bajo y robusto vestido con los hábitos de la orden franciscana Acaba de hacer su entrada. A Marieta le llama la atención el desgastado cinturón que apenas alcanza a rodear su enorme panza y dibuja obsceno una elipse desde sus riñones a la ingle. De pie, al lado de su madre, la mira con una sonrisa nauseabunda.

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